lunes, 26 de septiembre de 2011

El experimento Milgram

"Una de las preguntas recurrentes cuando se habla de los horrores de la guerra, sean pasados o recientes, es entender por qué los verdugos pueden cometer atrocidades. Qué motivos, qué procesos mentales permiten que un soldado o un miliciano, cuando se le pide que dispare o torture a un individuo, ejecute la orden, a menudo sin rechistar. El dilema, el interrogante, es saber si la “defensa Nuremberg” diciendo que uno sólo seguía ordenes tiene algo de cierto, o es sólo una cortina de humo para ocultar maldad...


A Milgram, como a otros muchos, la explicación le parecía cínica. Aún así, sintiendo curiosidad, decidió ver qué había de cierto en esa línea de defensa mediante un pequeño experimento. La idea era reclutar a un grupo de personas para que colaboraran en un experimento sobre el aprendizaje, cobrando una pequeña cantidad de dinero. Una vez en el laboratorio con otro voluntario, un doctor con bata blanca les recibía, y sorteaba quién iba a tener el papel de “profesor” y quién de “estudiante”. El tipo que salía escogido profesor se le decía que tenía que sentarse delante de un panel con mandos, y leer pares de palabras que el estudiante debía repetir. Si la respuesta era incorrecta, debía darle a un dial para seleccionar un voltaje, y darle una pequeña descarga eléctrica al alumno, que iba aumentando tras cada error hasta llegar a 450V, con gritos y quejidos progresivamente más desesperados del pobre estudiante...


Con esto podemos sacar algunas conclusiones. La primera, y más aterradora, es que los seres humanos tenemos una aterradora tendencia a seguir órdenes. La segunda, y casi tan grave, es que el grado de obediencia parece tener poco que ver con lo que se nos pide, y mucho con el contexto y con quién está diciéndonos qué hacer. Para empezar, nos ciega el prestigio; si el que da la orden parece que sabe lo que hace, viene de algún sitio importante o parece recibir pleno apoyo de otra persona, somos muchísimo más propensos a seguir órdenes. Como menos contacto tenemos con la víctima y más alejados estamos de ella, más cumplimos. Y si se nos asegura que lo que hagamos no tendrá consecuencias si algo va mal, aún peor...
"

La lógica del verdugo (I): siguiendo órdenes

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